La Cortéza de mis hojas...

Monday, January 22, 2007

De lunares manchas y cuerpos

Lo llevas colocado desde el inició. Podría decir que desde poco antes, como un abismo pequeño, tuyo, entre tú y tu nalga, entre tu espalda y tú, allí donde sólo sabes derramármelo.
Las cosas con palabras se sostienen, es de prudencia sostenerlas, regocijarse del susurro propio. Te apropias con ese calorcito que sólo tu sabes desprender de nuestro susurro. Las palabras se sostienen, este no es el caso. Aquella mancha la sostienen tus piernas duras como tus ojos, que también son duros, y qué, cuando los muerdo las sostengo y obtengo de ellas, la palabra jugosa que los nombra y los une.
Pero contaba y sostenía mi discurso en pos de tu mancha, mancha de cuyo nombre quiero acordarme, siempre siempre movida, en el vaivén propio de tu andar, como un oleaje en la nada de las intermitencias. Así se presenta, en un lejos y acá, o simplemente por la luz que da y se presta con intervalos en donde serían innecesarios si se les contarán, donde dejarían de mirarse en el momento mismo de contarlos. Es por eso que mejor miro como iluminan tu mancha, mancha que encontré palpando. Recuerdo que la localicé por casualidad de mis pasos, aquel día mientras sostenía mi camino por la arena, resbalo y la veo allí, amorfa, diminuta como sonrisa oscura, como abismo pequeño tuyo entre tú y mi pierna, entre mi pierna y tú, donde yo la porto desde siempre, desde que nací, posada allí en mi pierna desde el inicio …

Tuesday, November 21, 2006

Y es entonces cuando yo comienzo a cuidarte del frío que se puede colar por algún descuido mío, y empiezo a mimarte y se van desapareciendo las frágiles diferencias que sostienen las vicisitudes de lo cotidiano y entramos en una unión azarosa que sólo nosotros dos podemos comprender y hablar sin pronunciarnos. Y yo te mimo y mis manos lo empiezan a igual hacer en tu cuerpo mientras van arrastrándose por toda tu, recorriéndose entre las fisuras de tus labios, de tu pequeña lengua, mimándose de ti y tu de mí, mimetizando nuestros espacios cazarosos.
Y es entonces cuando renuevo el frío cuidadoso que se cuela y poda tus olores, y así, de nuevo, la secuela por algún descuido, tú, yo…

Ernesto CU.

Sueno mi voz en tus muslos
que no muerdo ni beso,
muslos que no muevo, ni tiento terso.

Sueno mi voz, mi voz conmigo
aquí, aquí de mí,
de mí despierto. De mí, sueno.

Sueno mi voz entre tus manos,
entre tus uñas, entre tu pelo
que no toca mi rostro por las mañanas
o por la tarde basta.
Por tus manos que suenan como lechuza
asustada, como papel al acecho.
Por tus caderas innocuas de color intenso
como trozos diminutos de cristales revueltos
en el tiempo.

Voy sonando calladamente mi sonido
por tu espalda, por tus piernas rojas
que sostienen mi cuerpo.
Sueno en ti, sueno y risueño
coloco mi oído en tu vientre para oír
algún bostezo, un rugido, algo terco.

Siento mi sonido en tus dedos, en tus palmas
en tus pies.
Siento y sueno en tu sombrilla
cubierta y protegida por tu mirada calma,
así, justo como cuando sueltas en mis ojos
la sutil sonrisa que resbala a ellos.

Sueno entre senos,
entre catetos y convexos, sueno sin sonar
sin brincar en ellos,
entre versos sueno, sueno de mí.
Sueno con la piel en las paredes para lustrar
el paso de tus sueños. Gariboleando,
garabateando uno a uno, y dos a dos.

Sueno, de aquí y de allí,
un sonar que se produce como
viento que sopla entre tu silencio
caminando, paso por paso
como impidiendo el abismo de tu mirada.

Y de mi, sueno.

Ernesto C.U.

Sunday, November 05, 2006

"Renazco siempre
al verter mi historia
sobre los versos."

Norberto De la Torre

"Morimos siempre
que una voz de mujer
nos abandona."

Norberto De la Torre

"Camina torpe
porque tiene un poema
en el zapato"

Norberto De la Torre

Se despidieron
y en el adiós ya estaba
la bienvenida


Benedetti

Entre en colores

Aparece, aparece entre mis manos, manos que requieren tu sonrisa. Aparece como sombra, sombra de mis líneas, luz de mis caricias. Mujer, ¡mujer asombra! Toma mis manos y deshazlas en tu cintura, en tu vientre, entre tus muslos, entre tu quieras. Aparece, aparece entre colores matizados, entre colores disfrazados.
Toma mis manos, libéralas en tu cuerpo. Toma mis ojos, ciega mi mirada.
Aparece, aparece entre mis ojos, enfrente de ellos, atrás de mí. Aparece, sólo aparece. Deja llenarme de uno, de uno y de ti. Caminar tus pasos de mis pies. Toma mi boca y guarda la tuya.
Muerde mis sueños, muéreme a mí. Acerca tus uñas de mi espalda herida.
Aparezca mujer, aparezca. Sola aparece.
Roza mi labio en tu rostro, rastro dejado. Roza mi cuerpo, rózalo, rójalo pero hazlo… azulado.

Ernesto Urquiza

Saturday, November 04, 2006

Tocar sus manos

Uno siente la sapiencia en ellas (en las manos). Uno las recorre sobre el aire partiendo y jugando como un papalote deshilado. Era la primera ocasión en que el sudor jugaba revoloteando la cabeza de los dedos. De sus dedos. De dos. Me partía, me partí.
Entremos en la alegoría distante de los juegos. Se distrae y corre para saber quien del otro lado. Maldito lado casi suelto entre dientes, si no es por que tapo éstos con los labios y aprisiono mis labios con las manos. Suena y sonó por completo, aún suena. Y es que tocar sus manos es tocar un pedacito de lo basto que deseo.
Suelto mis labios presos de quereres, quehaceres oblicuos que suenan acá, de este mi lado.Uno no se imagina lo que se despierta cuando los ojos rozan los suyos marcados de infinita sonrisa, elocuencia, una secuencia que brinca y salta sin predisponer el espacio.
Uno imagina los ojos en las manos.
Diciendo, mira, mira como se desenvuelven en tu palma, alma que manipula lo mío. Ahora van los tuyos... Se cae el telón, se abren los parpados y miras sin saber donde apoyar la vista.Los colores retoman su camino, estela de fuegos descubiertos.
En ellas uno sostiene la paciencia rozada. Partiendo, partido, un juego empezado, donde tocar sus manos es recorrer imaginarios…

E. C Urquiza

Friday, November 03, 2006

Monólogo

Son los ojos dos pozos hondos –colocó con tono lloroso-. Son dos toros locos.
-Sollozó- No, no los domo, sólo son hoscos… ¿Toscos?
No, no toscos, no roñosos, sólo hoscos. Tontos son.
Tomo lo roto con ojos dolosos. Boscosos, moroso otoño. -Sonó con zozobro- Dos olmos con otoño hornozo, rojos, borrosos.
Flor, ¿como soy? ¿Soy como hoy? ¿Sólo somos hoy? Sólo hoy.
Hoy, hoy soy dolor.
-Corroboró los ojos solos, con Flor.-
No, no rompo color, los broto, broto yo. Otro color, otro, otro doy.
Flor. Trozo los hombros con bronco sopor. ¿Dolor? Trozo los moscos, los moscos son, ¿son osos? No, ¿son monos? No, sólo son.
-Botó como tronco. Botó rocoso, tronó-
Nosotros los locos somos voz.
Somos lodo, oro, lloro, somos dos. Los locos.
Gozo doy.
–Domó, tomó los poros- ¿Flor? ¿Somos dos? O sólo vos.
-Soportó. Cómo nombró… Dos- ¿O no?
Nombro los otros como son, con costoso postor. Colonos. Vosotros borrosos son.
Solo, sólo yo, sólo Flor.
-Sonrojó- Sólo vos. Flor… nombro yo. Sordo olor. Corono lo loco y lo compongo
-Oró-. Yo con vos.
-Lo logró, lo soltó.
Tomó los ojos como fosos frondosos solo.
Sólo soñó…-

Ernesto

Sunday, October 29, 2006

Instrucciones lógisticas para ser un buen amante


Ser un buen amante es un episodio de esmero, casi tan
pretencioso como procurar ser un buen cocinero, un buen
malabarista o un escritor.
Sin embargo, lo indispensable es (necesario) tomar la pluma o el lápiz como mejor
se acomode entre los dedos de la mano menos habilidosa con
el afán de despertarla. Pluma, sartén o instrumentos de malabarismo ecoico.
Ahora bien, que sí se degusta (para los que
Degustan) utilizar (las) máquinas de escribir, es indispensable acomodar
los dedos de ambas manos con una inclinación de 45 grados
con respecto a la vista si es que ésta está observando las teclas.
Avanzar lenta y apresuradamente conforme la escritura lo va
pidiendo, lo va exigiendo. Uno se da cuenta con mayor facilidad
en el teclado, pues empiezan a dejarse caer
intempestivamente sobre los oídos, sonando y resbalando
casi del mismo modo que lo hace el sudor.
(Si se escoge la primera opción) Se va deslizando el lápiz o la pluma,
ya sea fuente, o una cotidiana
pluma de ganso a través del papel o superficie donde el tiempo
deja de ser trascendente.
Es, ya aquí, donde se complica un poco el grado de la situación.
Por lo general los más conservadores dirán que para ser un buen amante
es indispensable la localización en el plano cartesiano de las líneas
que se intersectan con la finalidad de poder saber el eje de las yes
y el eje de las equis simple y sencillamente, postulan ellos, con la intención
de poder determinar un curso de izquierda a derecha y de arriba abajo.
Por el contrario si no se es tan vigiloso en el acto del andar, se puede
utilizar una brújula sin que tenga la menor idea de la localización del norte.
Es indispensable, en el caso de que la brújula tercamente
por más movimientos descontroladotes que se le proporcionen, siga apuntando enajenadamente,
se le haga comprender con un cuento de cuna, un arrullo o una dosis
en Sí sostenido, o en Do bemol.
Ahora bien, que si se pretende ser un buen amante, olvidémonos de lógicas,
direcciones y secciones, de dicotomías y maniqueísmos, y respiremos exhalando, el quehacer oportuno, de
los amantes…

E. Urquiza

Reproche

Le recorría la lluvia por el cuerpo como la mirada mía que ella llevaba puesta. Yo, sorprendido, sorprendido por la caída de su pelo empapado, como si fuera un sudor, una lluvia la cual se dejará caer apropósito para poder resbalar sobre aquellos hombros, hombros que desde el cielo apreciados eran , y que esto, éste mismo, el cielo, lo tenía bien entendido.

La caída marcaba su andar, la caída que hacía en mí. La caída de las palabras que salpicaban a la lluvia misma, al espejo, a mi cara y a su rostro, a nuestras manos que agarradas no se mantenían, manos que deseaban resbalar como la lluvia y empaparse de ella, de mí. Soltar las palabras y escuchar su quejo.

Fue entonces que logramos llegar a un árbol que extendía las ramas tal como yo deseaba extenderle mis brazos. Que los escalara como las ramas que de niña lograba hacerlo. Yo, mientras pensando en esto y en aquello. Ella, compensando el aquello y el resto. Contando sobre la causalidad de (los) dos peces en la profundidad de un espejo, pretendiendo mostrar sus ojos, rozarlos, reflejarlos. Lo hacía mientras los miraba por el rabillo de los míos. Dos peces que se pescaran. Dos pescos que se pasearan. Incrédula, dibujaba su sonrisa en la mía mientras la lluvia celosa, estrellaba el espejo donde los peces poco antes intentaban desaparecerse. Yo estrechaba fuertemente el imaginario de sostenerla en mis manos, repitiendo en silencio y apretando para mis adentros su húmedo amarillo y mojado nombre…


E. Urquiza

“Continuidad de las cartas”

Hace algunos ayeres, donde el telégrafo, el servicio postal y sobretodo el cartero, eran más que indispensables para la adjudicación de los lejanos, hubo uno de éstos, un cartero, el cual fue puesto ante el tribunal en turno conforme las eventualidades jurisprudenciales de los usuarios, a los cuales les correspondía que dicho, laboraba en su zona postal. El cartero de porte y picaporte Alticinos, trabajaba duchamente una mañana lluviosa hasta que por la turba insipiente fue abruptamente llevado frente a la cabeza calva de un juez antiguo. Ya estando ante las frentes sudorosas del Juez, el cartero sacó su pañuelo y limpio el sudor de sus sienes, limpio el sudor y agua de su frente y sin más aviso, derrumbo las cartas de su bolso, metió la cabeza en el lugar que antes pertenecía a las cartas, metió la cabeza hasta los hombros, metió los hombros hasta una mano la cual ya colocada en la cercanía del sobre iba metiendo el resto del cuerpo como jalando un objeto externo que se olvido desde ese otro sitio. El juez sin sorpresa tomo el bolso, asomó la cabeza y al ver que solo restaba el pie del cartero para desaparecer por completo, agarró fuertemente éste para no dejarlo escapar, entrar o salir. Botó el bolso con el cartero dentro, botó el Juez con el zapato en las manos. Se levantó y sin sacudirse el polvo, agarró el zapato, busco dentro del bolso algún indicio del cartero en turno, agarró el sobre dentro, lamió la suela y sin más por hacer, lo colocó de timbre en la esquina superior derecha de la parte posterior del sobre.

Ernesto C. Urquiza

Saturday, October 28, 2006

Verdad

Yo la miro por una ventanita,
miro su andar, miro su sonrisa.
Y usted, usted niña profunda
no guarda ni siquiera algo de mí.

Busco el pretexto para poder asomarme
una pelota dejada, una piedrita tirada
se me acaban, siento que me acaba.
Usted se sabe para sí,
déjeme saberme en usted.

No se imagina cuanta locura la espera
al lado mío.
No la quiero para mí, la quiero para nuestra
Loquera.
No la quiero como una cura, una solución,
una compostura.

Usted no se imagina cuanto mío
quiero a su lado.

Pero parece que usted no me mira,
no me ve.
Yo la miro por una ventanita,
allí, allí asomado.
Miro su andar, su risa
y usted, niña rotunda
no guarda nada de mí…



Ernesto C. Urquiza